El Gran Mariscal
- Tatonadas
- 1 oct 2019
- 3 Min. de lectura

En el escritorio del candidato presidencial Julián Cortés se encontraba un misterioso sobre de manila. Al parecer nadie sabía cómo o quién lo había entregado. En uno de los lados del sobre, una palabra: “Ábreme”. En su interior, se encontraban unas fotos de Julián a blanco y negro tomadas desde la clandestinidad de alguien que no quiere ser sorprendido. En una de ellas, se veía a Julián sin camisa trabajando en su apartamento, en su mano derecha sostenía unos papeles mientras que con la mano izquierda estaba anotando algo en una libreta. La segunda fotografía no era muy diferente de la primera, si no fuera por una joven mujer que llevaba puesta una camisa blanca de hombre y que se acercaba a Julián. En la tercera, se ve a la misma mujer pero ahora se encontraba en lo que parecía ser su oficina en el centro de la ciudad hablando con un joven mientras le señala algo en un portátil. En la cuarta se veía a la joven esperando en un restaurante, se notaba algo inquieta, tenía recogido el cabello y miraba su reloj. La quinta y última foto, daba la sensación que la habían tomado de madrugada, y se veía a Julián y a la joven despidiéndose en el ascensor de un hotel. Junto a las cinco fotos una nota. “Hotel Mariscal, habitación 513, 8 en punto. Venga solo y no llegue tarde.”
Julián llegó a la puerta de la habitación 513 a las 8 en punto. La puerta se encontraba entreabierta, y en su interior tres hombres. Uno de ellos de aproximadamente sesenta años estaba sentado en una poltrona en medio de la habitación. Detrás del viejo, dos hombres vestidos con trajes negros y ametralladoras semiautomáticas. -Justo a tiempo- dijo el viejo. -Muchas gracias por aceptar nuestra invitación- continuo. -Pero por favor, no se quede ahí parado, tome asiento-. Julián obedeció sin decir una sola palabra. El viejo esperó un momento y dijo: -He oído hablar mucho sobre usted en estos últimos días. Se está haciendo muy famoso. Y eso no es nada bueno muchacho-. Julián permanecía en silencio mientras el viejo continuaba con su monólogo. -Creo que se ha dado cuenta que en este país nada se mueve sin que nosotros lo sepamos-. El viejo se quedó mirando a Julián y se inclinó hacia él. -Dígame algo jovencito ¿en realidad cree que usted puede cambiar algo?, ¿enserio cree que puede con nosotros? ¿por lo menos sabe quiénes somos? ¡Ja!- El viejo se levantó de su asiento y se dirigió hacia el bar, se sirvió un trago y le ofreció una copa a Julián que negó con la cabeza. -¿Pero qué le pasa Julián, se volvió mudo?, ¿no tiene nada que decir?- el viejo volvió a tomar asiento.
-Quiero que le quede una cosa clara ¡imbécil!, estamos en todas parte y en este país se hace lo que a nosotros se nos dé la regalada gana; ¡y vos pendejo de mierda ni siquiera tenes la más mínima idea de a quién te estás enfrentando!-. - No don Raúl- dijo Julián. - Se equivoca, yo sé exactamente quiénes son ustedes-. Sonó un disparo y uno de los guardaespaldas cayó delante del viejo. don Raúl no daba crédito a lo que veían su ojos, volteó a ver a Julián mientras la alfombra se llenaba de sangre. - Somos nosotros los que estamos en todas partes-. El otro guardaespaldas que al comienzo de la reunión estaba detrás de don Raúl ahora caminaba por encima del cuerpo de su compañero y se ubicaba detrás de Julián, mientras le apuntaba con la ametralladora al viejo. Julián sacó cuatro sobres de manila y se los lanzó al viejo. En cada sobre había un nombre. Don Raúl abrió el que tenía el suyo, dentro se encontraban unas fotos mucho más comprometedoras de él con el guardaespaldas que ahora estaba tirado en la alfombra en un charco de sangre, también había fotos de sus hijas y de su esposa. Estaban sus cuentas bancarias, incluso las que no estaban registradas en el país, transcripciones de varias llamadas de un número que solo conocían hasta ese momento, tres personas. Don Raúl por primera vez desde que comenzó la reunión guardaba silencio.
Julián se levantó de su asiento caminó hacia la puerta, y le abrió a otro hombre que también estaba vestido con traje negro. -Don Raúl, le presento a su nuevo guardaespaldas personal-.



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