La mejor noche de mi vida.
- Tatonadas
- 22 ago 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 10 dic 2024

Podría decirse que todo comenzó como una noche normal. Había tenido un día bastante estresante en la oficina, como ya era costumbre. Y, como ya era costumbre, el caos de la hora pico me hacía preguntarme una y otra vez si debería hacerle caso a Camilo y mandar todo a la mierda para trabajar en mi proyecto personal desde la comodidad de mi hogar.
Cuando llegué a casa, él me estaba esperando, como siempre, con las mismas preguntas de siempre:—¿Cómo estás?
—¿Cómo te fue?
—¿Qué quieres comer?
—¿Vemos una peli?
Y yo respondía lo mismo, como siempre:
—Bien.
—Mal.
—Cualquier cosa.
—Dale.
No recuerdo bien haberme quedado dormida, pero lo que sí recuerdo es el puto calor que me despertó. La habitación estaba muy oscura; me demoré un poco en acostumbrarme a la oscuridad, y cuando lo hice, vi a Camilo que dormía a mi lado, como todas las noches.
Lo que no era normal era el gran bulto que tenía entre las piernas. Obvio sé de las erecciones nocturnas que tienen los hombres, pero esta se veía… diferente. De repente, me dieron unas ganas horribles de coger. Me giré hacia él, le puse mi pierna sobre la suya y comencé a acariciarlo.
Lentamente le quité la sábana que cubría su cuerpo. Le toqué el miembro, pero él no se despertaba, o por lo menos no parecía querer hacerlo, así que le seguí el juego. Si quería actuar como vaca muerta, por mí estaba bien. Solo quería venirme.
Le besé el pecho, el estómago, el miembro. Me lo metí a la boca para humedecerlo, y mientras lo hacía, sentía cómo mi vagina también lo hacía. Me senté encima de él y sentí cómo su pene entraba lentamente en mi vagina. ¡Dios! Qué bien se sentía.
Me gustaba ese juego, que no se moviera, que no me tocara. Muchas veces lo que una mujer necesita de un hombre es solo su chimbo, y eso era justo lo que Camilo me estaba dando. No le estaba haciendo el amor a él; me lo hacía a mí, con él.
Comencé a moverme más lento, a tocarme: mi cintura, mis muslos, mi nalga, mi cuello. Me revolvía el pelo. Fue la primera vez que me vine antes que él, y para ser sincera, fue la primera vez que me vine más de una vez. No sé cómo explicarlo, pero sentía tanto placer, y aun así quería más. Lo tenía adentro y lo quería más adentro. Quería abrazarlo, apretujarlo contra mí, que fuéramos uno solo. Literalmente, me lo quería comer.
Fue la mejor cogida que había tenido en toda mi vida. Me bajé de él, rendida, con una gran sonrisa en mi cara. Mi vagina me ardía; no estaba acostumbrada a hacerlo por tanto tiempo. Me acosté a su lado, pero algo andaba mal.
Camilo seguía dormido, y su miembro seguía del mismo tamaño. Traté de despertarlo, pero estaba muerto. ¡Había hecho el amor con un muerto! No podía creerlo. Todo comenzó a dar vueltas en mi cabeza. Sentía ganas de vomitar, lo que, obviamente, hice.
Lo sacudí con fuerza, pero todo era inútil. Me senté en una esquina de la habitación y lo miraba. ¡Je! Había tenido el mejor sexo de mi vida y había sido con un muerto.
Tomé mi celular y llamé a la policía. Y mientras esperaba que llegaran, lo hicimos dos veces.



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