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Por amor

  • Foto del escritor: Tatonadas
    Tatonadas
  • 9 sept 2019
  • 2 Min. de lectura

“Todo lo que se hace por amor está bien hecho” Esas fueron las palabras que le susurraron a Julián una tarde de verano en la veterinaria, mientras lloraba desconsolado al escuchar a su mamá y al veterinario hablar sobre “poner a dormir a su mejor amigo”. Se sentía frustrado, pequeño, diminuto, un fantasma al que nadie le prestaba atención y ni qué decir de pedir su opinión.


Su madre, que había terminado de hablar con el veterinario se arrodilló y lo abrazó muy fuerte para consolarlo, para consolarse. Julián con los ojos nublados por las lágrimas miraba al doctor alejarse a cumplir una función más de verdugo que de “veterinario”. Y se dio cuenta que nunca más volvería a ver a su amigo, a su adorado “Pancho”. Volvió a mirar a su madre que le sonreía con melancolía y le limpiaba la carita mientras le decía con ternura -Está sufriendo hijo, es un acto de amor.

Pero en su pequeña cabeza no entendía cómo matarlo podía considerarse “un acto de amor” nunca lo entendió.


Como tampoco entendía por qué había recordado ese momento de su vida 30 años después, y justo cuando le apuntaba con un arma a la cabeza al senador Urrego.

-Por favor… no… no… no me dispare. Le suplicaba el senador.

Qué tenía que ver el último recuerdo de su mejor amigo con esa rata malnacida. Estaba claro que el senador Urrego era de lo peor de la clase política, había llegado al poder valiéndose más de su malicia que de su inteligencia y en estos 30 años dedicado a la política, su alma se había convertido en una alcantarilla que olía a mierda y a muertos.

Julián lo miraba con asco, con rabia, estaba muy consciente del tipo de persona que te puedes convertir cuando tienes poder. Y el senador Urrego, a sus ojos, era el mejor ejemplo de todos.

Merecía el máximo castigo. “El puto senador serviría de ejemplo y sus colegas tendrán la misma suerte”.

-Por favor, escúcheme por f...

Pero Julián había dejado de prestarle atención, aunque estuvieran los dos en esa oficina, aunque lo mirara a los ojos; Se encontraba sumergido en sus pensamientos. Tratando de atar cabos, de entender. Y tan de repente como recordó esta historia, encontró la respuesta

-...nga piedad. El senador se encontraba de rodillas, meado de miedo, suplicando.

Ahora todo tiene sentido “todo lo que se hace por amor está bien hecho” y Julián, amaba a su trabajo. Sonó un disparo.


 
 
 

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